El patrón de reseña más común entre más de 3,500 compradoras es este:
Semana 1: Nada dramático. Quizás la piel se siente un poco diferente al tacto.
Semana 3: Algo cambia. Las patas de gallo se ven menos profundas. Las uñas se sienten más fuertes. Menos cabello en el cepillo.
Semana 6: El espejo se convierte en una conversación diferente.
Semanas 8–10: Alguien más lo dice. Una pareja. Una amiga. Una compañera de trabajo.
"A las tres semanas. Mis patas de gallo son notablemente menos profundas. Una de ellas prácticamente desapareció."
"Mi dolor de cadera desapareció por completo. Ahora me duermo. Me siento yo misma por primera vez en mucho tiempo."
"¿La piel? Radiante. ¿Las uñas? Más fuertes. ¿El cabello? Más suave y menos quebradizo. Incluso mis articulaciones se sienten mejor por las mañanas."
Estos no son resultados excepcionales. Son lo que sucede cuando le das a tu cuerpo los cinco tipos de colágeno en una forma que puede absorber realmente — de manera constante — durante el tiempo suficiente para que el proceso biológico funcione.
La mayoría de las personas no ven resultados con colágenos anteriores no porque el colágeno no funcione. Sino porque tenían los tipos equivocados, no suficientes, o dejaron de tomarlo demasiado pronto.